Quiénes somos

La Asociación de Mujeres por la Igualdad ha salido al aire porque queremos ocupar el espacio que ha quedado vacío en la percepción de la mujer real del siglo XXI, actualmente invadido por el “feminismo de género” e instrumentalizado por una ideología que busca la confrontación, utiliza el victimismo para imponer las bases de lo políticamente correcto y niega el derecho a la discrepancia.

Misión


Representar a todas las mujeres que ven cuestionado su derecho a serlo, desprotegida su maternidad, la conciliación de su vida doméstica y prohibida la educación de sus hijos en su lengua materna, desde las instituciones del Estado. Mujeres que son tratadas como ciudadanos de segunda categoría e instrumentalizadas para ser las palmeras de la ideología de género, que no es más que marxismo totalitario encubierto con los mismos objetivos de la globalización, la Agenda 2050 y el Foro de Davos. Una tupida red. Sólo el hilo de Ariadna puede sacarnos de este laberinto. Eso es AMPI: mujeres libres que luchamos por la igualdad, la justicia equitativa y la dignidad humana.

Vivimos en unos tiempos convulsos y vacíos. La pobreza cultural aboca a nuestra sociedad a unas relaciones utilitarias y nos dejan a merced de ideologías que sólo buscan el conflicto y la toxicidad con el fin de dinamitar las estructuras sociales más básicas, sobre todo la familia. Eso nos convierte en una masa sin voluntad y sin vínculos, que nos deja solos y absolutamente vulnerables; con la promesa de un paraíso en el dejemos de existir como personas libres y seamos piezas de una sistema, voluntariamente sumisos a nuestros “salvadores”. Frente a ese absurdo oponemos la cultura, el pensamiento, la espiritualidad y la ciencia, sobre todo la del amor.

Visión


Entendemos al ser humano, hombre y mujer, y su cultura, como algo natural en constante crecimiento. Creemos en la vigencia de la visión aristotélica de la persona como ser espiritual, diferente del reino animal por nuestra capacidad de pensar y una conciencia acorde con nuestros valores. El principal de ellos, la libertad. Una libertad dentro del respeto a la dignidad y la integridad física y psicológica de todos por igual.

Este concepto elimina cualquier desigualdad entre los seres humanos sea cual sea su condición u origen geográfico y el concepto de integridad indica claramente que la protección del débil es la misión fundamental de los colectivos humanos.

En este contexto debemos situar nuestro concepto de feminismo. En el seno de la familia: cuidado y preservación de la infancia y la vejez. En el terreno público se deben prever los recursos adecuados para llevar a cabo esa función básica.

Valores


La evolución de la mujer como individuo ha sido una sucesiva equiparación con el varón respecto a su presencia en los espacios exteriores-públicos, frente a los interiores-domésticos. Asimismo, ha habido una progresiva integración de los varones en la familia, lo cual ha posibilitado que cada vez más la presencia de ambos en los dos ámbitos muestre un equilibrio básico para el desarrollo íntegro del hombre y de la mujer, que sólo puede producirse si las relaciones que establecen con el entorno se basan en la equidad. Este es el más importante valor a resaltar. No entendemos el feminismo como un enfrentamiento con el hombre, ni creemos que ataña sólo a la mujer, sino que por la importancia básica de la familia pensamos que la sociedad debe ser un reflejo de las relaciones sanas de convivencia humana, que garantizan la evolución futura de la humanidad.

La cuestión más ignorada por el feminismo tradicional y el genérico es la maternidad, desvinculada de la paternidad, por supuesto. Es en esta cuestión dónde se manifiesta la incompetencia y anacronismo de sus enfoques. Maternidad y paternidad, palabras ambas femeninas y desdobladas. En este punto es donde el machismo y el feminismo genérico serán la mano: la total ignorancia de la realidad y el punto de partida mítico-dogmático del acontecimiento más complejo de la existencia humana. Desde nuestra asociación promovemos un existencialismo humano que no sólo tiene que ver con la muerte, sino con la vida y el amor. La experiencia de dar vida a otro ser humano nos permite abrazar la plenitud, así como la más grande de las frustraciones y el vacío. Es un oxímoron en que la controversia humana se muestra en toda su cruda belleza.