Nuestra voz

Feminismo equitativo.

El feminismo equitativo se define así porque parte de la consideración de que la justicia debe incluir tanto a mujeres como a hombres, puesto que ninguna causa defendible puede ignorar a la mitad de la población humana.

De la misma manera que las visiones enfrentadas de izquierda y derecha no presentan más que una visión limitada de la realidad, el feminismo percibido desde esa dualidad es igualmente manipulado.

El problema al que nos enfrentamos: la izquierda y la derecha.

Nuestros principales problemas son el machismo, el feminismo tibio de la derecha y el cáustico y nihilista de la izquierda. Frente a ellos he querido desarrollar la idea de que la mujer no necesita privilegios paternalistas de la izquierda, ni de la derecha, por no ser una pobre víctima a la que hay que proteger y compadecer, sino por nuestra dignidad de seres humanos libres e íntegros.

La solución que ofrecemos: Relación e interacción.

Necesitamos soluciones modernas a problemas modernos de mujeres y hombres del siglo XXI. En este punto, el feminismo genérico, que tan inclusivo pretende ser, es en realidad la ideología más excluyente de la historia de la humanidad, puesto que cuando se trata de analizar la sociedad no dudan en prescindir del 50% de la misma: los hombres. Nuestros problemas van unidos y es imposible buscar la solución sin analizar a la otra parte. En la interacción de ambos surgen los problemas, los conflictos y las soluciones.


Ideología de género.

La ideología de género se basa en la antigua lucha de clases, sin salir del círculo vicioso de una interpretación simplista y decimonónica. La realidad es un prisma, no tiene un solo plano. Se aprovechan de algo tan natural y legítimo como las contradicciones o las dudas, que son las garantes del equilibrio y el crecimiento humano. Usan para ello una retórica hiperbólica, victimista y dramática. Detrás de las masas enardecidas e irracionales siempre se esconden las ideologías totalitarias.

El problema de la ideología de género: maternidad y paternidad.

Es quizás la cuestión más ignorada del feminismo tradicional donde se manifiesta la incompetencia y el anacronismo de sus enfoques: la maternidad y la paternidad. Estas son las dos únicas palabras en las que el intrusismo en la ciencia lingüística de la ideología de género no ha procedido a su habitual desdoblamiento. La causa es que simplemente las ignora.

La profunda transformación que experimenta la vida de las mujeres y de los hombres a convertirse en responsables de otras vidas, no ha merecido nunca la atención que requiere ya que es en esta relación donde se fragua el presente y el futuro de la sociedad.

"No se puede analizar la maternidad al margen de la paternidad, ya que, hasta la ausencia de alguno de los dos progenitores, genera una vivencia distinta de la misma."

La generación de la vida es la mayor responsabilidad del ser humano, su creación y su preservación a través de su voluntad, su inteligencia y su amor.

La libertad humana lleva aparejado asumir la responsabilidad de sus propios actos. Ésta puede producir una fuerte presión en las personas. Las contradicciones, las dudas, la angustia, la frustración, puede hacer su aparición en esos momentos. Se trata del reto más importante del ser humano. Incluso hay personas que preferirán no pasar por lo mismo. Es precisamente en esta experiencia donde podemos abrazar la plenitud, así como la más grande de las frustraciones y vacíos. El existencialismo humano no tiene sólo que ver con la muerte, sino con la vida y el amor. Es un oxímoron en que la controversia humana se muestra en toda su cruda belleza.

Lo vivimos los hombres y las mujeres, pero de muy distinta manera y es desde ambas desde donde podemos iniciar un acercamiento a la infinidad de cuestiones que debemos actualizar.

La solución que ofrecemos: Acercamiento, respeto y autorealización.

Para atraer una vida al mundo hay que estar muy bien informado y sobre todo formado. Debemos educar los valores que fomenten la importancia de dar vida y construir de esa manera una sociedad que tenga en la familia el principal foco de actuación, sin escatimar ni un solo recurso económico, sanitario, formativo o humano. Se debe establecer una red de formación que contemple la maternidad y paternidad, antes, durante y después de que ésta se produzca.

Por citar algunos ejemplos, que los problemas económicos puedan frustrar el deseo de procrear, la dificultad real de asumir responsabilidades por una formación e información deficitaria, las depresiones posparto prolongadas de por vida y sin tratar…

En este punto es donde el machismo y el feminismo genérico se dan la mano. La total ignorancia de la realidad y el punto de partida mítico y dogmático del acontecimiento más complejo de la existencia humana. Tal vez sea por la dificultad de abarcar sus contradicciones intrínsecas, ya que se caracteriza por un pensamiento unívoco y cuyos presupuestos no han sido vinculados al respeto de la libertad humana, a la naturaleza y a la vida.

"La paternidad y la maternidad son la experiencia más fácil, pero también la más difícil. La más deseable y la más temida. Podemos enfocarla como el mayor de los regalos o como una bomba de relojería. Lo más mítico y vital a la vez."

No debemos seguir enfocando el tema con los ojos del pasado, ni inhibirnos del mismo e incluso degradarlo.

La creación de la vida no se puede enfocar sólo desde el punto de vista de la mujer, sino también de los hombres y de la sociedad entera, porque es la base de la misma. Sin vida no hay vida y no se la defiende atentando contra ella o poniendo sobre los hombros de la mujer toda la carga de responsabilidad e ignorando las múltiples injusticias que pueden acarrear un enfoque anacrónico, mítico o irreal de los mismos.

Hombres y mujeres juntos e iguales en conquista de su autorrealización, su independencia y su desarrollo integral desde la libertad y el respeto, como única dignidad humana, considerados más allá de su condición vital, como seres espirituales.

Y ya ha pasado el tiempo de basar el análisis en una de las más grandes falacias dogmáticas: el feminismo genérico y el machismo. Son la cara y la cruz de la misma moneda paternalista que opone el concepto de mujer al de madre y aparta al hombre de las cuestiones relativas a la creación de vida. Las facetas y campos en las que se desarrolla la compleja personalidad humana dentro de su libertad, no se contraponen, sino que se complementan y es función básica de la política que, si esto no es así, lo problematice y aporte soluciones.

Las injusticias sociales no se solucionan con palabras desdobladas por género gramatical. Señoras y señores: siempre se ha desdoblado cuando ha hecho falta. Y los sustantivos abstractos en español tienen todos género femenino. A la ministra de Igualdad le dedico los ejemplos: la estupidez, la ignorancia, la sumisión. Ah, una excepción: el oportunismo.

No es que incursionen en la ciencia lingüística lo que necesitamos, básicamente porque carecen de capacitación y caen en el ridículo. Necesitamos que las “portavozas” escuchen realmente nuestra voz, que siempre ha sido una palabra femenina.